La Religión NO es el Camino al cielo

PERO… Cómo! ¡Si todos tenemos nuestra religión y esperamos con ello ir al cielo!… Todos vamos a misa, cumplimos con los sacramentos y los mandamientos de la Madre Iglesia; rezamos el rosario y hasta damos limosnas y hacemos buenas obras. ¿Y aún así me dice que la religión NO ES el camino al cielo?

PERO… Si han dicho que con unas misas, unos rezos y un dinerito pueden sacar mi alma del purgatorio y enviarme al cielo; que Dios no es tan malo y que a nadie va a echar al infierno. ¿Y usted me dice que mi religión NO ES el camino al cielo? ¡OIGA!

PERO… ¡Yo si me voy a ir al cielo! Tengo otra religión que sí me llevará al cielo. Voy a los cultos, alabo a Dios y doy una ofrendita. Y con todo esto, ¿dice usted que mi religión no es el camino al cielo?

PERO… Nosotros somos de otras religiones: Testigos, Branham, Luz del mundo, Ocultistas, Budistas. Seguimos fielmente a nuestros apóstoles, profetas o líderes; en todo obedecemos y nunca faltamos a las reuniones. ¿Y… nuestras religiones NO SON el camino al cielo?

AMIGO: DEFINITIVAMENE, LA RELIGION cualquiera que sea, y llámese como se llame NO ES el camino al cielo. Jesús dijo a sus discípulos: “YO SOY EL CAMINO, y la verdad y la vida: nadie viene al padre, sino POR MÍ” (san Juan 14:6). El único camino seguro que llevará a la presencia del Padre celestial es JESUCRISTO. “Porque hay un Dios, asimismo un MEDIADOR entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre; (1a Timoteo 2:5) “Y en ningún otro hay salud; porque NO HAY OTRO NOMBRE debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

PERO… ¿Cómo seguir este camino llamado Jesucristo?

Muy simple. La Biblia nos enseña quién es Jesucristo:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho”. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (San Juan 1:1-3, 14).

La Palabra de Dios vino a este mundo, en carne, para enseñarnos el camino que conduce al Padre celestial.

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará” (Juan 8:32)

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